miércoles, 30 de diciembre de 2009
La misma rosa blanca
Sólo sé el fruto no es el que da un árbol, es la sabia de una hoja de papel que se une al inconsecuente mirar que camina desvalído por la vida. Cada unidad es voluntad de la creencia, quedando sujeto al azar de la misma rosa blanca que se cuela hasta por el olfato de un anósmico en tranquilidad del alarde natural de la razón. El amor es la misma rosa blanca tratando de ser ahogada por el mismo azar cotidiano que se cuela en las creencias. La verdad es el mismo azar ahogado por las creencias cotidianas que se cuelan en las mismas rosas blancas. Las rosas blancas son las mismas ideas con las que el ahogado azar lucha por lo cotidiano. La tranquilidad de la mente de la misma rosa blanca que se ahoga en la lucha por el fruto de ese árbol sometido al azar se mide por lo cotidiano de la razón. La cultura que nace junto a la misma rosa blanca es la lucha del papel natural del mismo amor sujeto al olfato. Las situaciones diferentes del mismo alarde en la música cotidiana es la relación que toma el amor con la misma rosa blanca que se cuela por los poros de la mente. El mismo papel con que el anósmico trata de curar su problema es la razón del cotidiano aprendizaje para la fuerza de la misma rosa blanca.
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